Una semana ha pasado desde el termino de las elecciones de directivas y consejos regionales. Además de felicitar y desear éxito a las directivas y consejeros electos, así como digna resignación y ánimos a los que ahora no resultaron electos, este puede ser un buen momento para gatillar una reflexión de fondo. Así como un partido de futbol sólo puede ser jugado si todos respetan las reglas preestablecidas, un partido político requiere que sus militantes respeten y hagan respetar las reglas internas contenidas en los estatutos partidarios.
Todos sabemos los episodios bochornosos que ocurre en el futbol cuando los asuntos de la cancha pretenden ser dirimidos por las barras bravas. Un episodio así bochornoso nos ocurrió la semana pasada. Un grupo reducido de militantes decidió ventilar controversias internas (propias de todo partido político) a la vista y paciencia de la opinión pública a través de redes sociales y medios de prensa. De esta forma abrieron la puerta para que, sobre asuntos internos, se pronuncien impertinentemente personas que no militan en nuestras filas y que desconocen los procesos y mecanismos internos de toma de decisión. De esta forma han diluido los límites claros que deben existir entre nuestro hogar político y el espacio externo que corresponde a la vida pública. Han expuesto a ojos de nuestros adversarios y enemigos, debilidades y flancos que serán usados para atacar al Partido Nacional Libertario y su candidato presidencial.
Exponer en público controversias internas para obtener beneficios particulares es, sin duda, una práctica política inaceptable que contraviene gravemente los estatutos.
No voy a ahondar en los detalles de las controversias, pues, no seré yo quien establezca la verdad legal del asunto. El partido tiene sus instituciones internas para tal efecto y el Tribunal Supremo ya se pronunció. Sí me interesa hacer notar lo siguiente.
El Poder, encarnado en las grandes corporaciones de interés privado que controlan al estado y sus agentes, siempre ha deseado diluir el limite entre lo público y lo privado. Esto es parte de los afanes totalitarios que deben ser contenidos con la “eterna vigilancia” de la que hablaba Thomas Jefferson.
En la actualidad, toda la cultura woke, que infecta a toda la clase política, consiste en diluir los límites entre lo público y lo privado. De ahí la consigna feminista de que “todo lo personal es político”. Hay una pretensión evidente de meterse en la vida interna de todas las entidades de la vida social para poder controlarlas. Se parte con la familia, pero se sigue con los colegios, gremios y toda entidad que pueda resultar deliberante.
Los nacional libertarios debemos defender claramente los límites entre lo público y lo privado porque es en ello donde nos jugamos la libertad. Debemos aprender a ser dignos en la derrota y magnánimos en la victoria. Y, sobre todo, debemos entender que la ropa sucia se lava siempre en casa.