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Primera vez en Chile

Es la primera vez que un partido condiciona su acceso al gobierno al logro de un acuerdo programático que haga viable su integración en términos que impidan una traición a la declaración de principios

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Voy a ir directo al grano. Esta es la primera vez que en Chile un partido con posibilidades reales de formar parte del gobierno declina voluntariamente aceptar dicha posibilidad. Aquí, donde los políticos y partidos hacen de todo por ocupar una poltrona de gobierno, y esperan genuflexos la llamada telefónica que confirme sus aspiraciones, el Partido Nacional Libertario ha dado una muestra de una dignidad política que nos sitúa éticamente varios peldaños por encima de otras formaciones políticas.

Esta es la primera vez, según conozco, en que un partido político con posibilidades ciertas de formar parte del gobierno condiciona su acceso al establecimiento de un acuerdo político formal que haga viable su integración en parámetros programáticos concretos que impidan una traición a la declaración de principios y su electorado. En un país donde el entrante presidente de la república, merced al poder recién obtenido electoralmente, es puesto sobre un pedestal institucional, la declinación a formar parte del gabinete constituye un verdadero golpe a la catedra y un remesón a la inercia del rebaño. Pero, además, esta es la primera vez que esta conversación política para alcanzar un acuerdo programático ocurre en un marco de total trasparecía pública.

En un país donde históricamente, desde el club de La Unión hasta nuestros días, su clase política acostumbra a alcanzar acuerdos a puertas cerradas, el Nacional Libertario ha propuesto abrir puertas y ventanas y ventilar los ambientes nauseabundos de los mismos de siempre.

El ejercicio político practicado por la directiva nacional, inédito en el régimen presidencial en Chile, pero frecuente en democracias maduras con regímenes parlamentarios, ha puesto en valor cada voto en favor del Nacional Libertario.

A través de esta fuerza electoral se ha buscado alcanzar un acuerdo programático mínimo que hiciera posible una integración políticamente coherente en el gobierno de Kast. A diferencia de otros partidos que, con tal de acceder o sostener a cuotas de poder, cargos y prebendas, olvidan sus programas y compromisos con sus electores, el Nacional Libertario ha hecho esfuerzos loables por sostener una posición política coherente y de cara al país.

Personalmente, todo lo señalado, me confirma que el Nacional Libertario no es como otras formaciones políticas. Confirma el liderazgo de Johannes Kaiser y la capacidad de dirección política. Lejos de caer en la trampa de los “hechos consumados”, la Directiva Nacional se negó a reducir el acuerdo a la entrega de cargos ministeriales que nos hubiese igualado al resto de partidos políticos.

No hay mal que por bien no venga. Ahora toca seguir trabajando. Podemos, sin duda, ir con la frente en alto a sembrar la conciencia nacional y libertaria que necesita el Chile del siglo XXI.

“Lejos de caer en la trampa de los hechos consumados, la Directiva Nacional se negó a reducir el acuerdo a la entrega de cargos ministeriales que nos hubiese igualado al resto de partidos políticos”