Una semana ha pasado de la aplastante victoria electoral de JAK. He hecho el esfuerzo supino de escuchar el discurso de victoria en un par de ocasiones. Había algo extraño. Escuche al presidente electo en una tercera ocasión en velocidad 2.0 y verifique el problema: pese a que JAK triunfó sobre la amplia coalición de izquierdas con una distancia histórica de más de 15 puntos, no hubo ninguna alusión al pueblo chileno. Numerosas referencias a Chile sí, a los ciudadanos y chilenos también. Pero no empleó nunca esa referencia estratégica al pueblo chileno. No era sólo que fuese un discurso frio, sin ritmo y carente de relato. Era también que, pese a que los números le respaldaban, JAK no le arrebató explícitamente la bandera de representación del pueblo chileno a las izquierdas.
Podría parecer anecdótica esta ausencia, pero no lo es. Basta con darse una vuelta por las redes sociales de zurdolandia para constatar cómo han pasado rápidamente de una actitud sinuosamente sediciosa a una actitud impúdicamente golpista. Deberíamos preguntarnos qué lleva al militante de izquierdas a una actitud tan violenta y destructiva. Sabemos que las doctrinas esencialmente nihilistas y des construccionistas que priman en las izquierdas fomentan el odio social y se viven como adopción de fe.
Pero hay algo más que lo explica. Personalmente he llegado a la conclusión que esto tiene que ver también con la idea de que ellos, la izquierda, representan al pueblo. Esta es una bandera potente que moviliza a sus votantes y activistas. Es una bandera que legítima todas sus acciones y pone a sus enemigos políticos del lado mismo de la maldad.
No nos equivoquemos. A las izquierdas hay que arrebatarles todas las banderas. Esto no se trata de ganar sólo en términos electorales e institucionales. Se trata de construir hegemonía social. Esto no se puede hacer si no se desarrolla una narrativa que le arrebate el relato del pueblo a las izquierdas y lo reconfigure. A diferencia de la izquierda que, pese a su esnobismo y desconexión brutal, concibe el pueblo solo como las capas populares, nosotros debemos volver a relevar la heterogeneidad del pueblo chileno abarcando no sólo los sectores populares del campo y la ciudad, de norte y sur, sino también al humilde comerciante y el empresario patriota, el profesional y capas medias, emprendedores y militares que han sido la columna vertebral de la patria en la historia. Se trata de una definición nueva que, gracias la candidatura de Johannes Kaiser, hoy está empezando a calar en la sociedad chilena. Este es un trabajo que, sin duda, debemos seguir realizando como partido hasta conseguir que nuestros futuros éxitos electorales sean la consecuencia lógica de la hegemonía social que hemos de construir. No al revés.
| No era sólo que fuese un discurso frio, sin ritmo y carente de relato. Era también que, pese a que los números le respaldaban, JAK no le arrebató explícitamente la bandera de representación del pueblo a las izquierdas |
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