Las imágenes del reencuentro de los rehenes israelís con sus familias conmueven por la intensidad humana. Padres e hijos fundidos en un abrazo que se creía perdido. Hermanos y seres queridos que se vieron separados por la locura terrorista derramando lagrimas contenidas de emociones difícilmente explicables. Por supuesto, conmueven también la intensidad del dolor humano y el desgarramiento de Gaza. No se trata de comparar los dolores de uno y otro y mucho menos desvalidar el dolor inocente de unas de las partes.
A diferencia de la izquierda que empatiza con los dolores humanos calculando únicamente factores ideológicos básicos del tipo “victima/victimario”, “buenos/malos”, “opresores/oprimidos”, a nosotros nos conmueve el dolor humano por su propia condición intrínseca. Entendemos, por ejemplo, que en una guerra siempre hay victimas inocentes y que la primera victima de la guerra es la verdad. Se trata de situaciones lejanas que nadie en su sano juicio querría ver para nuestro país.
Durante la jornada del lunes nos enteramos de un nuevo atentado terrorista en la ruta 5 sur a la altura de la localidad de Pidima.
La fiscalía ha confirmado el uso de armas de guerra en un ataque cobarde que dejó a una anciana baleada y dos camionetas destruidas. La locura terrorista está dispuesta a sacrificar a inocentes en los objetivos que busca conseguir.
La locura terrorista está dispuesta, incluso (tal y como a demostrado HAMAS) a sacrificar al propio grupo que busca representar si de eso se produce un avance hacia el sueño utópico que persiguen.
Nosotros lo sabemos, con el terrorista no se dialoga. Con el terrorista no se negocia. Al terrorista se le combate con todas las armas y la fuerza de la ley. Pero también sabemos que las sociedades que han logrado extirpar el cáncer del terrorismo lo han hecho con un gran consenso social de desvalidación total y absoluta a los terroristas, pero también a quienes les encubren, justifican y blanquean. En Irlanda o España la desaparición del IRA y ETA fue no sólo el resultado de la aplicación decidida del estado de derecho, sino sobre todo de la organización de la sociedad civil. Asociaciones civiles con capacidad de convocatoria que lideraron y protegieron a lideres de Estado que tuvieron la decisión firme de hacer justicia y acabar con el terrorismo. He aquí un buen desafío para nuestra militancia en la Araucanía. El viento sopla a nuestro favor y no podemos esperar a que otros hagan por nosotros lo que nosotros mismos podríamos hacer.