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La Enfermedad del Chile Actual

La crisis moral recorre toda la sociedad, de derecha a izquierda y de arriba abajo. Nadie es inmune a ella. Pero no hay que desfallecer. Como en tantas ocasiones, Chile debe superar la adversidad.

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Todos los días nos asombramos del nuevo escándalo de las licencias médicas falsas. Nos indigna la magnitud del desfalco. Las instituciones del país están crujiendo. El respeto por las instituciones, las leyes y la autoridad está extraviado. La crisis inicia en los hogares y luego se refleja en los colegios e instituciones. Cada persona hace lo que, a su juicio, le resulta particularmente conveniente sin importar los efectos sobre el prójimo. La anomia social está extendida. Pero no nos equivoquemos: esta no es solo una crisis política, institucional o económica. Es, ante todo, una crisis moral de la sociedad.

La causa profunda de esta crisis es posible encontrarla en la secularización materialista que ha impregnado todos los aspectos de la vida, desde los más comunes y cotidianos hasta la toma de decisiones institucionales. Entendemos la secularización como el principio que opera cuando los asuntos humanos son dirigidos a todo nivel con arreglo únicamente a consideraciones materialistas del tipo costo/beneficio. Este tipo de razonamiento expulsa deliberadamente consideraciones espirituales trascendentes en la toma de decisiones.

Así, mientras se aleja la palabra de dios, sus enseñanzas y principios morales, surge un nuevo tipo de individuo desalmado, en cuyas decisiones no opera otra lógica moral que no sea la estrictamente utilitarista con arreglo a criterios económicos de beneficio personal (“si es bueno para mí, entonces está bien” parecen pensar). Este es el tipo de sujeto cuya conducta puede ser anticipada por sistemas de inteligencia artificial y manipulada vilmente por ingeniería social a gran escala.

Pero no nos engañemos. La crisis moral recorre toda la sociedad, de derecha a izquierda y de arriba a abajo. Nadie es inmune a ella. Pero no hay que desfallecer. Como en tantas ocasiones anteriores, Chile puede y debe superar la adversidad.

En la conciencia de cada chileno, sobre todo en los más humildes, hay una veta portaliana que clama por el restablecimiento del orden. Una conciencia acallada que le susurra que sin orden no hay progreso y que la ley debe regir para todos y con igualdad de trato. Es la misión nuestra, del Nacional Libertario, avivar la llama del pensamiento portaliano y ofrecer un programa que responda al clamor por ley y orden. El pueblo ya vislumbra la aparición de un Bukele chileno.