Hoy se conmemora el día de las Glorias Navales. Rendimos sentido homenaje a hombres de honor, jóvenes valientes que, ofrendando lo más sagrado, defendieron con su vida el pabellón patrio. Con esa decisión de pelear hasta la última bala y hundirse con la bandera a tope dejaron estampados para siempre un ejemplo inmortal de amor a la patria, honor y cumplimiento del deber.
El honor es una palabra impresionante. Un hombre de honor es aquel cuya palabra adquiere valor porque la cumple. Un hombre de honor es aquel que dice lo mismo en público que en privado. Que mira de frente y, estoico, afronta las consecuencias de sus actos. No culpa al empedrado ni evade responsabilidad. Un hombre de honor cumple su deber, así sea conveniente o no. Está dispuesto al sacrificio personal por un bien mayor, aun cuando no haya reconocimiento. Lo hace simplemente por la satisfacción intima de haber obrado correctamente.
Su actuación en el momento definitivo atestigua que todo eso era Prat. Ciertamente no era perfecto. Pero esa imperfección, propia de cualquier ser humano en cualquier época, realza el mérito de la decisión de cumplir su deber aquel 21 de mayo.
Ciento cuarentaisiete años después nosotros tampoco somos ni podemos aspirar a la perfección, pero si queremos re enmendar el rumbo de la patria y sacarla de la decadencia necesitamos volver a mirar esos modelos de valor, virtud y honor que encarnaron Prat, Aldea, Serrano y todos los héroes de la Esmeralda.
También a los que les siguieron en valor y gallardía: Baquedano, Lynch, los 77 de La Concepción y tantos otros chilenos que, luchando por la patria, encumbraron el nombre de Chile a lo más alto, legándonos riquezas que hasta el día de hoy son fundamentales en el desarrollo nacional.
En tiempos de confusión valórica y decadencia moral, en tiempos de hedonismo, cosmopolitismo vacío y exacerbación de derechos, Prat nos interpela con el cumplimiento del deber y la disposición a la entrega por ideales superiores. Cumplir nuestro deber y actuar con honor debe ser también una aspiración de cada uno de nosotros en nuestras vidas cotidianas y también al interior de esta embarcación llamada Nacional Libertario. Sólo así podremos estar a la altura del enorme desafío que supone contribuir a sacar a la patria de su profunda decadencia actual y re encaminarla por senderos de luz y prosperidad.
| “si queremos re enmendar el rumbo de la patria y sacarla de la decadencia, necesitamos volver a mirar esos modelos de valor, virtud y honor que encarnaron Prat, Aldea y Serrano” |
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