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Encuestitis Aguditis

Encuestitis aguditis es la enfermedad que padecen la mayor parte de la clase política. Esta enfermedad explica, al menos en parte, el extravío completo de los principios a la hora de hacer política.

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Encuestitis aguditis se llama la enfermedad que arriesgamos contraer. Esta es la enfermedad que padecen, sin notarlo, la mayor parte de la clase política. Esta enfermedad explica, al menos en parte, el extravío completo de los principios a la hora de hacer política.

Como toda enfermedad. La encuestitis es silenciosa en su incubación y, una vez manifestada, difícil de combatir. Al contrario, es altamente contagiosa. Cuando los resultados de las encuestas acompañan, nos entusiasmamos difundiéndolas y realzándolas. Pero una vez que comienzan a ser menos halagüeñas, es difícil desprenderse de ellas.

Quienes padecen la encuestitis aguditis comienzan entonces a tomar decisiones contingentes mirando exclusivamente las encuestas. Caen así, de forma inadvertida, en un cortoplacismo demasiado parecido a la estupidez. Todo diseño de política pública, estrategias comunicacionales, pronunciamientos públicos y hasta los sueños de construir un mejor país comienzan a estar regidos por “el qué dirán”. Ese es el comienzo del fin.

Si algo ha llamado la atención de nuestro candidato presidencial es que, a diferencia de la inmensa mayoría de políticos, Johannes Kaiser está en política para defender principios y valores que habían sido olvidados por la vieja derecha. Esta cualidad, la defensa coherente y consistente, de principios y valores a la hora de hacer política, es el principal activo de nuestro candidato y, por asociación, de nuestro partido.

La candidatura del Nacional Libertario amenaza muchos y poderosos intereses. Los negocios y el modus vivendi de la casta están hoy peligro. Cadem y Criteria están siendo usada como herramienta de presión política. Sus resultados no sólo no son consistentes con una serie de otras encuestas, sino que van totalmente a contrapelo. Pero habrá que hacerse la autocrítica. Esto no estaría ocurriendo si no se hubiese supeditado la continuidad de la candidatura presidencial a los resultados de las encuestas. Inadvertidamente se dejó abierto un flanco de presión. Nuestros adversarios vieron la oportunidad y están presionando. No se trata sólo de lograr que Kaiser abandone la carrera, cuestión que ya sabemos no ocurrirá; sino también de debilitar -mediante mentiras reiteradas- los principales atributos de nuestro candidato: certeza, confiabilidad y convicción.

Es tiempo de dejar de mirar encuestas porque allí radica el peligro de quedar esclavizados a los poderosos intereses que las digitan. Es tiempo de trabajar con convicción mirando no sólo el corto plazo de una candidatura, sino también y, sobre todo, el largo plazo de las enormes tareas que nos impone la construcción del partido Nacional Libertario como componente central del contraproceso que nos debe llevar a recuperar el Chile soberano, próspero y en orden que todos anhelamos.