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El Valor de las Ideas

el restablecimiento del orden y el progreso no puede ser logrado por un solo gobierno de derecha. Para sostener y consolidar los cambios se requiere ganar al hilo tres gobiernos de *nueva derecha*

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Durante 2025 fuimos testigos del esfuerzo de Joahnnes Kaiser por alcanzar acuerdos programáticos que forjasen la unidad de una nueva derecha. Lo intentó, a inicios de 2025, cuando ofreció la posibilidad de una elección primaria para dirimir una sola candidatura de derecha sobre la base de un acuerdo programático previo. Lo intentó posteriormente, en diciembre de 2025, cuando se intentó negociar un acuerdo programático mínimo para el eventual ingreso del PNL al gobierno del recién electo José Antonio Kast. En todos los casos planteó siempre la importancia de lograr acuerdos sobre las ideas, más que sobre las personas. En todos los casos, las conversaciones llegaron rápidamente a punto muerto.

La vieja derecha, oligárquica y premoderna en sus formas, siempre plantea la conversación en torno a seguir personas y obviar las ideas. Esta es la forma de hacer política que, si queremos ser vanguardia de una nueva derecha en Chile, debe ser superada, tanto afuera como adentro del Partido Nacional Libertario.

No nos equivoquemos. Todos sabemos que el restablecimiento del orden y el progreso en el país no puede ser logrado por un solo gobierno de derecha. Para sostener y consolidar un nuevo rumbo de orden y progreso se requiere ganar al menos tres gobiernos consecutivos de nueva derecha.

Aunque en línea política diferente, el propósito podría ser ejemplificado con los sucesivos gobiernos de Concertación que gobernaron Chile entre 1990 y 2010. La Concertación fue exitosa no sólo porque agrupó y alineó a un gran número de partidos políticos (cuestión nada fácil), sino porque logró configurar acuerdos programáticos que fijaron el rumbo de esta alianza política en los veinte años que gobernó Chile. Si bien había diferencias y matices entre ellos, había una línea conductora de fondo que estaba traducida -gobierno tras gobierno- en la continuidad de políticas sociales y económicas.

Este es exactamente, pero en sentido inverso, el desafío de una nueva derecha. Dado que en Chile no existe la re elección, el desafío de fondo es la construcción de una alianza política que vaya más allá de cuestiones electorales. Una alianza política capaz de promover ideas programáticas comunes y respetar líneas rojas que eviten rupturas internas. Sólo de esta forma es posible consolidar un nuevo rumbo de orden y progreso para Chile, pasando el “testimonio” de un gobierno a otro en perspectiva de largo plazo.

Esta es la razón por la que nuestro presidente nacional ha insistido tanto en la idea de “acuerdos programáticos”, “consensos mínimos”, “líneas rojas” o “superar una visión medieval de la política en la derecha”. Kaiser entiende el desafío y está consciente de que una fuerza política sola (un solo partido) no es suficiente para producir los cambios y consolidar el nuevo eje. La pregunta es ¿lo entendemos también así los militantes nacional libertarios? Ahora que se aproximan las elecciones de directivas comunales del Partido, es tiempo de comprender la importancia de una visión de la política anclada en la defensa y empuje de ideas más que en la promoción de liderazgos personales. Solo de esta forma podremos contribuir genuinamente a pensar y construir el Chile de los próximos cincuenta años.