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Defiende la Verdad

Somos libertarios porque creemos que la moral individual no puede subordinarse ciegamente a la moral colectivista (...) por encima de los acomodos está la busqueda de la verdad y el bien de Chile.

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“Error cui non resistitur approbatur; et veritas cum non defenditur opprimitur…” (“El error al que no se resiste es aprobado; y la verdad, cuando no se defiende, es oprimida…”)

Decretum Gratiani, Pars I, Dist. 83, c. 3. Encíclica Notre Charge Apostolique de San Pío X).

Defiende la verdad fue el lema de campaña empleado por Johannes Kaiser en la campaña presidencial de 2025. Algunos ven en ello un simple slogan de campaña. Otros vemos allí una profunda declaración de carácter moral. La verdad siempre por delante, aunque duela. Eso es mejor que la comodidad de la mentira. En un mundo corrompido por las ansias de poder, dinero y figuración, la verdad necesita ser defendida. La razón es simple: “No oponerse al error, es aprobarlo. No defender la verdad, es negarla”.

Pero defender la verdad no es fácil. Tiene, potencialmente, costos materiales enormes. Al que defiende la verdad, lo acosa la censura. Al que defiende la verdad, es catalogado como el conflictivo, deja de parecer “simpático”. Se le cataloga de extremo y se le difama. De esto bastante sabe nuestro Líder nacional Johannes Kaiser. Pero defender la verdad también tiene beneficios morales enormes: el que defiende la verdad es libre de las cadenas de la deshonestidad y la hipocresía. Puede caminar con la frente en alto y hablar con total libertad, íntegro, sin nada que esconder. Esto es también lo que caracteriza Johannes Kaiser: ir derecho por la vida.

Defender la verdad implica no acomodarse con el poder y quienes lo ostentan. Y el poder no está solo en los directorios de las megacorporaciones globales y en los pasillos ministeriales y de gobierno. El poder también está y actúa al interior de cualquier partido político.

Fue el politólogo Robert Michels quien señalo que toda organización política termina controlada, más tarde o más temprano, por un pequeña “aristocracia dirigente” que busca autoperpetuarse en el poder. La Ley de Hierro de la Oligarquía se le denomino a esta teoría politológica.

Por su parte, Friedrich A. Hayek, en su celebre Camino de Servidumbre advierte -con relación al estado totalitario- que quienes buscan controlar a otros, valoran más el poder que quienes respetan la libertad individual. Esto quiere decir que, para individuos ambiciosos y carentes de ética, el poder actúa como un verdadero imán. La lógica Hayekiana aplica perfectamente también a las estructuras de poder de un partido político.

El poder requiere control. Requiere dividir y silenciar a través del miedo. Requiere la mentira vestida pomposamente de “verdad oficial” por medio de insulsos comunicados de prensa.

No nos equivoquemos. Somos libertarios porque, entre otras cosas, creemos que la moral individual no puede subordinarse ciegamente a la moral colectivista del grupo/partido, mucho menos a un pequeño grupo que pretende erigirse en aristocracia partidista. Somos libertarios porque sabemos que lo “bueno” no es necesariamente lo que beneficie a la organización cuando lo que se esconde son intereses mezquinos de pequeñas cúpulas. Como nacional libertarios sabemos que por encima de los acomodos está la busqueda de la verdad y el bien de Chile. Un partido nunca es un fin en sí mismo, sino un instrumento para desarrollar una política acorde a los principios y valores que se proclaman. En esa coherencia -que se llama integridad- es donde se juega el éxito de nuestro proyecto.

Para derrotar la enorme corrupción que desangra nuestra patria y los bolsillos de los contribuyentes, primero deberemos vencer en nosotros la tentación interna del anillo de Sauron que nos lleva al acomodo con la mentira o la complicidad con las injusticias. Debemos acordarnos de que existimos, entre otras cosas, para defender la verdad.